zondag 28 maart 2010

Santas Madres Jerezanas.


Aun siendo laíca tengo que reconocer la Santidad de muchas Madres de mi pueblo adoptivo.

Las madres del 'extranjero del norte'  no llegamos a esas alturas de santidad, nunca jamás! Seguramente ni lo intentaríamos porque nos han enseñado de otra forma y porque no nos parece muy compatible con una vida propia de madre-mujer-persona.
Pero algunas veces siento una admiración mística para esas madres de familia que sacrifican lo que sea para que la descendencia sea feliz y sobre todo contenta, lo cual es bastante difícil de conseguir.

La mayoría de mis amigas aquí son Santas Madres y aunque de vez en cuando se quejan del aprovechamiento de sus eternos inquilinos de la siguiente generación, siguen a sus pies. Parece que han hecho un voto de Maternidad que les impide a tener tiempo libre. Libre de cargar con hijos mayores de 21 años y hasta libre de los mayores de 35. Sin rebelarse, las mamis lavan, guisan, planchan, limpian y pagan para los hijos casados y los solteros externos, para los nietos y los bisnietos.

Y mientras cuidan a todos los demás: a esposos, padres, tíos, vecinos, hermanos y a su propia prole casera. Se cambian de casa para atender a partos y parteras, hacen punto para recién nacidos, guisan para los que no saben (ni quieren aprender) y preparan ‘tupers’ llenos de guisos caseros para los momentos que los ‘pobres’ hijos tengan que trabajar o estudiar sin poder atender a compras o cocinas.

Después de comer, en el momento que las madres agotadas quieren echar una cabezadita, les traen los pantalones sin dobladillos y las camisas sin botones. ¡Que no fume la madre, porque es malo para su salud! Las Santas Madres no deben fumar para no perder el tiempo que necesitan para atender a los hijos sentados a su mesa y fumando mientras que ella cose botones. ¡Si no fuma la madre les durara más!

Los ahorros de las madres desaparecen o se convierten en plazos para coches o entradas para pisos. Después de haberse ahorrado mucho dinero durante la larga estancia en casa de los padres, hasta casi jubilarse, los hijos piden herencias por adelantado. Y las Santas Madres se pelean con quien sea para satisfacer a los deseos de los hijos. Deseos o exigencias, lo mismo da.

No sé porque son tan santas. No entiendo. Me creo bastante buena madre, bastante porque nadie es perfecto, por haber educado a mis hijos para que sean independientes y autónomos. Les quiero mas que a nadie en este mundo, más que a mi misma. Son mi salvación, mi orgullo, son parte de mí.

Pero yo, aparte de ser madre también soy persona independiente y autónoma. Respiro por mi cuenta, igual que ellos. No les resuelvo los problemas, intenté enseñarles como resolverlos. No les lavo la ropa pero les enseñé como hacerlo. Les dejo solos para que aprendan a vivir sus vidas, a cocinar, a cocer botones. Pongo mucho de mí y de mi tiempo en la enseñanza, ántes de que cumplen los 18.

Para poder recuperar algo de mi vida y mi tiempo y trabajar para mi vejez, porque tampoco quiero que me mantengan a mí. Al lado de mis amigas Madres Santas me veo mal. Me veo más agnóstica de lo que soy. Me veo más egoísta, menos Madre. Pero no me veo peor.

Es que creo que para ser Madre Santa, una necesita una verdadera vocación.




Dedicado a mis amigas Madres Santas: Cuqui, Catalina, Milagros y Mercedes


© Gavi Mensch
De:'Jerez visto por ojos verdes'.
Jerez, abril 2005

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1 opmerking:

Anoniem zei

Yo de pequeño, quiero una madre como ud. Mientras...hago lo que puedo con la mía. Me ha gustado mucho.

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